Dr. Roberto Morales Estrella
Investigador de la UAEH, reflexiona sobre el impacto que tiene la inteligencia artificial en los estudiantes universitarios. A través de su experiencia, analiza cómo el uso constante de estas herramientas puede transformar los hábitos de aprendizaje, disminuir la autonomía y afectar el desarrollo del pensamiento crítico.

Loján, Romero y Castillo
González-González
Cada vez más estudiantes recurren a herramientas como ChatGPT o generadores de texto para completar tareas, redactar ensayos y resolver ejercicios, lo que ha generado una dependencia preocupante. A través de encuestas y análisis de comportamiento académico, el artículo demuestra que "el uso mal gestionado de la IA puede llevar a una pérdida de autonomía, reduciendo la capacidad crítica y la toma de decisiones independientes".
El estudio destaca que esta dependencia no surge de la tecnología en sí, sino del uso poco consciente que los estudiantes hacen de ella. En lugar de aprovechar la IA como una herramienta complementaria para investigar, muchos la utilizan como sustituto de su propio razonamiento. Esto provoca que disminuya su implicación en el aprendizaje y que el proceso educativo se convierta en una actividad pasiva.
Más del 60 % de los universitarios reconoce haber usado herramientas de IA para redactar tareas o resolver ejercicios sin realizar una revisión crítica posterior. Este comportamiento, aunque eficiente a corto plazo, provoca que el aprendizaje pierda profundidad y se base más en la inmediatez que en la comprensión.
El estudio sostiene que al automatizar procesos como la escritura o la búsqueda de información, puede debilitar habilidades esenciales como la creatividad, el análisis y la toma de decisiones éticas. La dependencia tecnológica fomenta una especie de "pereza cognitiva", donde se confía más en la máquina que en el propio criterio.
Portela-Leiva y Armijos-Carrión
Advierten que su uso indiscriminado puede provocar una pérdida gradual de las habilidades cognitivas y del pensamiento reflexivo.
Ellos sostienen que muchos estudiantes están dejando de "pensar activamente" porque confían en que la IA siempre ofrecerá una respuesta correcta, cuando en realidad muchas veces solo repite patrones o reproduce información sin contexto.
Pérez y Morales
Esta práctica compromete la autenticidad del aprendizaje. Cuando el estudiante se acostumbra a delegar la resolución de problemas a una máquina, deja de ejercitar su juicio y su capacidad de análisis. Los autores destacan que "la inteligencia artificial no sustituye la comprensión humana, sino que la condiciona si se usa sin un sentido crítico".
El artículo también reflexiona sobre cómo las instituciones deben adaptarse a esta nueva realidad. En lugar de prohibir la IA, sugieren integrarla de forma estratégica, creando entornos donde se valore la reflexión y la ética digital. Por ejemplo, proponen que los profesores diseñen evaluaciones que exijan argumentación personal y pensamiento reflexivo, de modo que las respuestas generadas por IA no sean suficientes para aprobar.